Una de las excursiones más populares en el Valle de Benasque, quizás la que más tras la del Forau d’Aiguallut sea la del Puerto de la Glera o de Gorgutes. Sus poco más de quinientos metros de desnivel, su amable pendiente, y su extraordinaria panorámica sobre el macizo de la Maladeta, la convierten en una excursión obligada.

De los pasos fronterizos que facilitan el tránsito entre España y Francia el de la Glera o Gorgutes, fue uno de los primeros en utilizarse.

Estos puertos en su mayoría debido a su orografía no permitían el paso de carros, e incluso algunos tampoco el de caballerías.

La popularización de su uso, a partir del medievo, hizo que para proporcionar cobijo a los viajeros que cruzaban los Pirineos, se establecieran los denominados “hospitales” al pie de cada puerto a ambas vertientes, y así dar refugio a los transeúntes cunado la meteorología impedía cruzarlos. En la vertiente española de este puerto tenemos el primer Hospital de Benasque, Hospital Viejo de Benasque construido en la Edad Media del cual se conservan sus restos, y en la vertiente francesa del mismo, se encuentra su homónimo, el Hospital de Saint Jean de Jueu también de época medieval.

El itinerario da comienzo al finalizar la carretera A-139 que sube desde Benasque.

En este punto (1.800 m.s.n.m. aproximadamente). Un poco antes del final de la carretera y a nuestra derecha en la pendiente que da a Pllan de l´Hospital, podremos ver los restos del Hospital Viejo de Benasque.  Para acceder al Puerto de la Glera tan solo hemos de seguir el trazado del sendero que continúa al terminar la A-139 y que va remontando la orilla derecha del Barranco de Gorgutes al cual van atravesando pequeños torrentes que humedecen el bosque por el que discurrimos.

Según salimos del bosque, a nuestra espalda, S-SE, podemos contemplar la belleza del Macizo de la Maladeta que nos exhibe sus cumbres que ya rebasan los tresmil metros.

Ahora el sendero se torna más amable a pesar de que continúa la subida, y tras atravesar un amplio prado (2.100 m.s.n.m. aproximadamente) atravesamos el Barranco de Gorgutes para discurrir toda la ascensión por la orilla izquierda del Gorgutes (45 minutos)

Ahora la visión de la Maladeta, es más amplia revelando más cumbres. Continuamos subiendo y si alzamos la vista hacia el NO, podemos ver el Pico de Puerto Viello 2.842 m.s.n.m. y un poco más a la derecha se adivina la entrada al Puerto Viello.

Ya va quedando menos para llegar al Ibón de Gorgutes. Conforme nos vamos elevando en sentido N se aprecia la cima del Pico Sacroux de 2.671 m.s.n.m. Esta cumbre es bastante visitada, pues a la subida hasta el ibón de Gorgutes, tan solo hay que añadirle unos 350 metros más de desnivel, es decir de una hora a una hora y cuarto más de ascensión desde el Ibón.

Según ascendemos y vamos entrando en la cubeta que ocupa el Ibón de Gorgutes, el viento va siendo cada vez más fuerte e incluso muy fuerte. Circunstancia ésta, muy habitual en estas cotas. Los alrededores del ibón ofrecen multitud de planicies y rocas tras las cuales protegernos del viento, y proporcionarnos una agradable estancia mientras permanecemos junto a sus orillas (1 h. 30´)

De aquí al paso fronterizo (muga 331) queda ya muy poco, poco más de quince minutos a lo largo de un senderillo que bordea el ibón por su margen izquierdo a cierta altura del Ibón.

Para que nos hagamos una idea de las duras condiciones a las que se enfrentaban los viajeros de la época, lo más temido eran las ventiscas. Durante gran tiempo del año, la nieve dificultaba el tránsito por los puertos, y las ventiscas eran tan peligrosas como terribles. Según Etienne F. Dralet en su obra Description des Pyrénées publicada en 1813 entre dichos viajeros llego a difundirse un consejo ante la llegada de una borrasca: “que el hijo no espere al padre, y que el padre no espere al hijo”.

La llegada al puerto no se hace esperar, el viento se incrementa y la ventana que da paso al otro país lo hace ante una fuerte pendiente que un zigzagueante senderillo dibuja en su rápida y pedregosa pendiente en la que aún perduran algunos neveros. (1 h. 55´)

El puerto de la Glera cayó en desuso a finales del siglo XV principios de XVI. Se apuntan dos causas que motivaron su paulatino abandono. Por una parte, causas climáticas: (Pequeña Edad del Hielo) la bajada generalizada de las temperaturas entre el siglo XV y XIX, los inviernos húmedos y gélidos, fuertes nivaciones, y la pronunciada pendiente septentrional hacían su acceso impracticable y peligroso durante muchos meses del año (en este periodo se conocen episodios de congelación del rio Ebro).

También hubo una causa social: el alejamiento del área de influencia de los hospitales de los poderes político y eclesiástico, dando paso a una autonomía municipal junto a un apoyo vecinal en ambas vertientes lo que promovió la construcción del Hospital Nuevo de Benasque y del Hospice de France, así como la apertura de un nuevo paso de montaña entre Benasque y Bañeres de Luchón más al oriente.

Finalmente, el Puerto de la Glera quedó relegado al uso de contrabandistas y pastores. Pero el incremento de transacciones comerciales entre ambas naciones hizo albergar esperanzas, y mediado del siglo XIX se proyectó por parte Francia la posibilidad de construir un camino que atravesará los pirineos por debajo del Puerto de la Glera, punto más corto entre ambas vertientes, e incluso se realizó un anteproyecto por parte de los señores Barrande y Lèzat de la construcción de una línea ferroviaria. A la vez en el lado español se proyectaba la construcción de una carretera que uniera Barbastro con Benasque.

El proyecto ferroviario más audaz fue el de José Motiño que en 1884 publicó un folleto reivindicando una línea internacional de ferrocarril que uniera el Puerto de los Alfaques en Tarragona con Mozón, Benasque y Bañeres de Luchón.

Finalmente, la apuesta por el ferrocarril de Canfranc relegó al olvido el túnel del Puerto de la Glera. No obstante, en los años 70 del pasado siglo, la idea de construir una carretera que pasara a Francia atravesando el Puerto de la Glera mediante un túnel volvió a tomar fuerza. Fruto de ello fue la construcción de la carretera C-139, actual A-139 y que finalmente terminó su construcción al pie del Puerto de la Glera si ver construido tan ansiado túnel.

Si bien el uso comercial del Puerto de la Glera cayó en desuso, desde finales del siglo XX, su puesta en valor turístico lo ha convertido en uno de los parajes del Valle de Benasque más visitados y sin duda conocer su historia y vicisitudes aun lo hacen más atractivo.

Bibliografía:

  • Observaciones y anotaciones del autor del artículo.
  • Ballarín Cornel Ángel: El Valle de Benasque: Formación, pasado, presente y porvenir del Valle. 2ª edición Taller Gráfico “La Editorial” 1974.
  • Ona González José Luis y Calastrenc Carrére Carine: Los Hospitales de Benasque y Bañeres de Luchón. Edita Fundación Hospital de Benasque 2009     
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